Si hay un rincón de España donde el verde de los montes se funde con el azul del Cantábrico sin estridencias ni aglomeraciones, esa es la Costa Cantábrica Oriental. Aquí, en el extremo oriental de Cantabria, tres localidades —Laredo, Santoña y Noja— concentran algunos de los arenales más espectaculares del norte: playas kilométricas de arena fina, calas escondidas entre acantilados, marismas repletas de aves migratorias y una gastronomía que va mucho más allá de las famosas anchoas de Santoña.
Me he recorrido este tramo de costa en varias ocasiones y siempre vuelvo con la misma sensación: es uno de esos sitios donde todavía puedes caminar solo por la playa un día de julio sin toparte con una toalla cada dos metros. No es la Costa Brava ni la Costa del Sol — y precisamente por eso mola. Aquí te cuento las mejores playas de Laredo, Noja y Santoña, dónde comer bien sin que te claven y cómo organizar una escapada redonda a la Costa Cantábrica Oriental.
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Laredo y la Playa de La Salvé: 4 kilómetros de arena para perderse
La Salvé es la joya de Laredo y una de las playas más largas de toda la cornisa cantábrica: más de 4 kilómetros de arena dorada y fina que nunca se masifica del todo gracias a su extensión. La marea aquí juega un papel importante — cuando baja, el arenal se ensancha hasta casi 200 metros en algunos tramos, dejando espacio de sobra para familias con niños, runners madrugadores y surferos que aprovechan las olas cerca del espigón.
La playa está bien equipada: duchas, socorristas en temporada alta (junio a septiembre), acceso adaptado para personas con movilidad reducida y un paseo marítimo que la bordea casi entera, perfecto para ir en bici o darse un homenaje de rabas y caña en alguno de sus chiringuitos. Si te gusta caminar, puedes llegar andando desde La Salvé hasta la playa del Puntal, una lengua de arena que se adentra en la bahía de Santoña con vistas brutales al monte Buciero. También hay un ferry que cruza de Laredo a Santoña en verano (unos 3-4€ por trayecto) y te ahorras la carretera.
Más allá de la playa, el casco viejo de Laredo —la Puebla Vieja— merece una visita: calles empedradas, soportales medievales y la iglesia de Santa María de la Asunción (gótica, siglos XIII-XVII) que te pilla de camino al puerto. Si coincides a finales de agosto, la Batalla de Flores es una pasada: carrozas decoradas enteramente con flores naturales en un desfile que lleva más de un siglo celebrándose.

Santoña: mucho más que anchoas
Santoña huele a mar, a salazón y a historia. Esta villa marinera, encajada entre el monte Buciero y las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel —un Parque Natural que es parada obligatoria para miles de aves migratorias—, es famosa por sus anchoas, pero tiene mucho más que ofrecer. Su Playa de Berria es otro arenal generoso, de casi 2 kilómetros, con un ambiente más surfero y menos urbanizado que La Salvé. Aquí el plan es sencillo: madrugón, tabla de surf (o toalla si lo tuyo es más tranqui) y después unas bravas en el chiringuito El Paraíso de Berria, que además organiza conciertos en su terraza durante el verano.
Además de playa, Santoña tiene un paseo marítimo coqueto con vistas a la bahía y a Laredo al otro lado, el monumento a Juan de la Cosa (el navegante santoñés que dibujó el primer mapamundi con América), y dos fortalezas militares —San Martín y San Carlos— del siglo XVIII que se pueden visitar. Si te va el senderismo, la ruta del Faro del Caballo (desde el monte Buciero) te regala una de las postales más icónicas de Cantabria: 700 escalones tallados en el acantilado que bajan hasta un faro encajado entre rocas. Eso sí, infórmate antes porque los accesos cambian según la temporada y el estado del sendero.
Y sí, las anchoas. Las de Santoña son las mejores de España —y posiblemente del mundo— gracias al método artesanal de salazón y a la calidad del bocarte del Cantábrico. Puedes visitar alguna de sus fábricas-conserva (como Conservas Emilia o Luis Peña) o pasarte por el Museo de la Anchoa (entrada 2,50€) para entender por qué aquí se toma tan en serio esto de los boquerones en aceite.

Noja: entre Trengandín y Ris, el contraste perfecto
Noja es el punto intermedio y, para mí, el más versátil de los tres. Tiene dos playas que no pueden ser más distintas y que se complementan de maravilla: Trengandín, una playa urbana de más de 3 kilómetros con todos los servicios (parking, duchas, chiringuitos, alquiler de hamacas), ideal para familias y para quien quiere tenerlo todo a mano; y Ris, una cala más salvaje al pie del monte de la Ermita de San Juan, con un arenal más recogido y un aire casi de playa secreta. La mejor forma de llegar a Ris es siguiendo la Ruta de la Costa de Noja, un sendero que bordea los acantilados uniendo varias calas y que es una gozada al atardecer.
En Noja también está la playa de Helgueras, que tiene la peculiaridad de ser una de las pocas playas caninas de Cantabria (zona habilitada para perros en temporada), y el Parque Natural de las Marismas se extiende hasta aquí, con su colonia de garzas, espátulas y ánades. Si llevas prismáticos, este es el sitio para sacarlos.

Dónde comer bien (y sin que te desplumen)
La cocina cántabra va de producto y en esta zona se nota. Aquí van mis recomendaciones contrastadas:
- En Laredo: Casa Fito, en el puerto, es un clásico para marisco fresco y pescado del día. Pide las zamburiñas y el marmitako de bonito, que aquí lo bordan. Para algo más informal, La Marina en el paseo marítimo sirve raciones generosas de rabas (las de calamar, nada de sucedáneo) a buen precio.
- En Santoña: Bar El Puerto es la referencia obligada — sus anchoas en salazón son de otra galaxia, y las gildas (banderilla de anchoa, aceituna y piparra) son el aperitivo perfecto. También El Áncora, cerca de la plaza de San Antonio, para un cocido montañés contundente.
- En Noja: Las Olas, en primera línea de Trengandín, tiene una terraza acristalada con vistas al mar y una cocina que mezcla tradición (lubina a la sal, cachón en su tinta) con toques modernos. Para tapeo, La Vinoteca en el centro del pueblo.
Dónde alojarse: de apartamentos con vistas a hoteles familiares
La Costa Cantábrica Oriental tiene alojamiento para todos los bolsillos. En Laredo, los apartamentos turísticos cerca del paseo marítimo son la opción más práctica — busca en la zona de Carlos V o cerca de la playa. En Santoña, el Albergue Turístico Playa de Berria es una opción económica impecable a 200 metros de la playa, y hay hostales con encanto en el casco histórico como el Hostal La Bahía. En Noja abundan los hoteles familiares: el Hotel Las Olas frente a Trengandín o el Gran Hotel Liber & Spa si quieres darte un capricho. Busca alojamiento en Laredo, en Santoña o en Noja con cancelación gratuita.

Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor época para visitar las playas de Laredo, Noja y Santoña?
De junio a septiembre tienes los servicios completos (socorristas, chiringuitos, ferry Laredo-Santoña) y temperaturas agradables para el baño (18-22°C el agua). Julio y agosto concentran más gente pero, al ser playas tan extensas, rara vez se sienten masificadas. Mayo y octubre son ideales para senderismo y avistamiento de aves en las marismas sin aglomeraciones.
¿Se puede ir sin coche a la Costa Cantábrica Oriental?
Sí. Hay trenes de cercanías (FEVE) que conectan Santander con Laredo y Santoña, y autobuses ALSA desde Bilbao y Santander. Una vez allí, Laredo y Santoña se recorren a pie sin problema. Para moverte entre las tres localidades y acceder a playas como Berria, un coche de alquiler facilita mucho la logística.
¿Qué playa es mejor para familias con niños?
La Salvé en Laredo y Trengandín en Noja son las más familiares: arena fina, oleaje moderado (siempre vigilando la marea), socorristas y chiringuitos cerca. Ambas tienen acceso adaptado y parking. Berria, en Santoña, tiene algo más de oleaje.
¿Merece la pena visitar las Marismas de Santoña?
Absolutamente. El Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel es uno de los humedales más importantes del norte de España, con más de 120 especies de aves. Hay observatorios gratuitos (el de Cicero y el de Bengoa son los mejores) y rutas señalizadas. Lleva prismáticos si puedes.
¿Hay surf en estas playas?
Sí, sobre todo en Berria (Santoña) y en la zona del espigón de La Salvé (Laredo). Son spots de nivel intermedio, con olas consistentes pero sin la masificación de Somo. También hay escuelas de surf en temporada en Noja y Laredo. Si eres principiante, mejor en pleamar con olas pequeñas.
Consejos prácticos para tu escapada
- El coche ayuda, pero no es imprescindible: si solo vas a estar en una localidad, tren + taxi o bus local funciona. Para saltar entre Laredo, Santoña y Noja en el mismo finde, alquila coche.
- Respeta las mareas: en el Cantábrico la diferencia entre pleamar y bajamar es notable. Consulta las tablas de mareas antes de planificar un día de playa — en bajamar algunas calas son inaccesibles para el baño.
- Lleva cortavientos incluso en agosto: el nordés (viento del nordeste) puede aparecer por la tarde y refrescar bastante. Una chaqueta fina en la mochila no sobra nunca.
- Anchoas para llevar: en Santoña, compra latas directamente en las fábricas (Conservas Emilia, Luis Peña, El Capricho) — la calidad es muy superior a la de supermercado y los precios son razonables (4-8€ la lata pequeña).
- Parking en verano: en Laredo, el parking de la playa se llena temprano. Alternativa: aparcar cerca de la Puebla Vieja y bajar andando (10-15 minutos). En Noja, Trengandín tiene un parking grande de pago en temporada alta (unos 4-5€ el día).
La Costa Cantábrica Oriental es de esos sitios que, una vez los pruebas, se convierten en escapada recurrente. Playas que no se acaban, pueblos con personalidad, una gastronomía brutal y ese punto de autenticidad que cada vez cuesta más encontrar en el norte. Si buscas playa sin trampa ni cartón, aquí la tienes.




